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Por qué fracasan los proyectos de automatización

Automatizar un proceso roto puede hacer que falle más rápido.

El error de secuencia

Un proyecto de automatización puede fallar no por la tecnología, sino porque se intentó automatizar un proceso que no estaba definido con claridad.

Un proceso que funciona «porque María sabe qué hacer» no es un proceso: es una persona.

Al automatizarlo, puede descubrirse que las excepciones representan una parte significativa de los casos y que nunca existió una regla escrita.

Las tres señales de que todavía no se debe automatizar

Nadie puede dibujarlo. Si dos personas del mismo equipo dibujan el proceso de forma distinta, no hay un proceso: hay dos.

Automatizar el camino feliz es fácil.

El camino ideal puede cubrir solo una parte de los casos, mientras que las excepciones pueden concentrar parte del trabajo más difícil de definir.

El resultado no es verificable. Si después de automatizar nadie puede decir si el resultado fue correcto, no se automatizó un proceso: se ocultó.

Qué hacer primero

Antes de automatizar, conviene hacer el proceso explícito y aburrido: escribirlo, incluir las excepciones, y decidir qué pasa cuando algo falla.

Ese trabajo puede revelar que parte del proceso no debería existir. Eliminar un paso puede ser más barato y más rápido que automatizarlo.

Automatizar no es lo mismo que integrar

Conectar dos sistemas para que compartan datos no automatiza por sí solo la operación: puede simplemente mover el problema.

La automatización empieza cuando una decisión que antes tomaba una persona ahora la toma una regla explícita, y alguien es responsable de esa regla.